El compromiso del dirigente: una vocación que nace del encuentro con Cristo

Basado en la conferencia impartida por Juan Emilio Aguirre Vides para el Grupo Latinoamericano de Cursillos de Cristiandad (GLCC).
Todo dirigente del Movimiento de Cursillos de Cristiandad recuerda un momento que permanece grabado en el corazón: la Clausura de su Cursillo. Allí, al contemplar el Crucifijo, escucha una frase que resume toda su vocación:
«Cristo cuenta contigo.»
No es una expresión emotiva ni una invitación pasajera. Es un llamado personal que nace del encuentro con Jesucristo y que transforma la existencia. A partir de ese momento, la vida deja de girar alrededor de uno mismo para orientarse hacia la evangelización de los ambientes y el servicio a los hermanos.
Sobre esta realidad reflexionó Juan Emilio Aguirre Vides, dirigente hondureño con más de cinco décadas de servicio al Movimiento, durante el ciclo de formación organizado por el Grupo Latinoamericano de Cursillos de Cristiandad. Su exposición, titulada «El compromiso del dirigente», recordó que el dirigente no es simplemente quien ocupa un cargo, sino quien vive con coherencia el Evangelio y hace presente a Cristo allí donde se encuentra.
El compromiso nace de la fe
Emilio Aguirre inició recordando que todo compromiso cristiano tiene un origen claro: la fe.
La fe no consiste únicamente en aceptar unas verdades doctrinales. Citando el Catecismo de la Iglesia Católica, recordó que es una adhesión personal a Dios, una respuesta libre al amor con el que Él sale al encuentro del hombre.
Por eso, el dirigente no trabaja simplemente para una organización ni para mantener una estructura. Su compromiso nace de haber descubierto que Cristo está vivo, que lo ama personalmente y que continúa llamándolo a colaborar en la construcción del Reino.
Ese encuentro cambia completamente la escala de valores.
Como suele decirse en Cursillos, el cristiano comienza a «ver las cosas de siempre con ojos diferentes». La conversión no consiste únicamente en modificar algunas conductas; supone una transformación interior que permite contemplar la vida desde la mirada de Cristo.
San Pablo: modelo del dirigente
No es casualidad que el patrón del Movimiento sea San Pablo Apóstol.
Emilio Aguirre recordó el episodio del camino de Damasco (Hechos 9), donde Saulo experimenta el encuentro decisivo con Jesucristo. Sin embargo, hizo una observación muy significativa:
«Nosotros decimos que Pablo encontró al Señor, pero en realidad fue el Señor quien salió a su encuentro.»
Este detalle cambia toda la perspectiva.
El dirigente no es quien decide iniciar una obra para Dios; es Dios quien toma la iniciativa y llama a cada persona para convertirla en instrumento de evangelización.
Las palabras dirigidas por Cristo a Ananías continúan resonando para todo cursillista:
«Este hombre es para mí un instrumento excepcional.»
Cada Cursillo concluye con esa misma certeza: Cristo sigue llamando hombres y mujeres para anunciar el Evangelio en aquellos ambientes donde todavía no es conocido.
Ser dirigente es mucho más que desempeñar un cargo
Uno de los mensajes centrales de la conferencia fue desmontar una idea equivocada.
Muchas veces se piensa que dirigente es quien prepara rollos, ocupa una presidencia, coordina una Escuela o desempeña responsabilidades visibles dentro del Movimiento.
Emilio Aguirre fue claro:
Ser dirigente va mucho más allá.
El verdadero dirigente:
- anima;
- acompaña;
- escucha;
- sostiene;
- sirve;
- camina junto a los hermanos;
- ayuda en el Cuarto Día.
Su misión consiste en hacer presente la amistad de Cristo en la vida cotidiana.
El dirigente no dirige desde arriba.
Camina al lado del hermano.
Esa cercanía constituye uno de los rasgos más característicos del carisma de Cursillos.
Nadie puede dar lo que no vive
Uno de los momentos más profundos de la exposición giró alrededor del testimonio.
Las Ideas Fundamentales recuerdan que el anuncio en Cursillos es querigmático, testimonial, alegre y lleno de esperanza.
Eso significa que las palabras sólo tienen fuerza cuando están respaldadas por la vida.
El dirigente puede conocer perfectamente los rollos, dominar la metodología y poseer una gran capacidad para hablar; sin embargo, si su vida contradice su mensaje, pierde credibilidad.
Como recordó Emilio Aguirre:
«Lo que compromete no es el rollo; lo que compromete es el testimonio.»
El trípode sigue siendo el corazón del dirigente
Uno de los aspectos más desarrollados de la conferencia fue la importancia del trípode.
Desde los primeros días del Movimiento, Cursillos enseña que la vida cristiana se sostiene sobre tres pilares inseparables:
- Piedad
- Estudio
- Acción
No son actividades independientes.
Constituyen una unidad.
La piedad alimenta la relación con Dios.
El estudio fortalece la inteligencia de la fe.
La acción convierte esa fe en compromiso concreto.
Cuando uno de estos pilares desaparece, todo el edificio comienza a debilitarse.
Especial énfasis hizo el expositor en la vida de gracia, recordando que el dirigente necesita una profunda vida sacramental, oración constante, dirección espiritual y búsqueda permanente de la santidad. Sin esta base interior, el servicio termina convirtiéndose en activismo.
El dirigente sirve, aunque nadie lo vea
Vivimos en una cultura donde fácilmente se busca reconocimiento.
Por eso resultó especialmente actual la insistencia de Emilio Aguirre en la humildad.
El dirigente cristiano:
- no busca protagonismo;
- no compite con otros;
- no busca ocupar espacios de poder.
Su única preocupación consiste en que Cristo sea conocido.
Recordó incluso una realidad que puede afectar cualquier comunidad:
- rivalidades;
- críticas;
- chismes;
- divisiones.
Nada de eso pertenece al espíritu de Cursillos.
El dirigente trabaja silenciosamente para construir la unidad.
Como expresó durante la conferencia:
«El único que debe tener protagonismo es Jesucristo.»
Evangelizar comienza en casa
Antes de pensar en transformar el mundo, el dirigente está llamado a evangelizar su ambiente más cercano.
El primer ambiente es la familia.
Después vienen el trabajo, los amigos, la comunidad y todos aquellos lugares donde Dios lo ha colocado.
No se trata de imponer ideas.
Se trata de irradiar una forma distinta de vivir.
El dirigente evangeliza principalmente mediante su ejemplo.
Porque, como recordó el expositor:
«El ejemplo convence más que las palabras.»
La amistad: el método de Cursillos
Uno de los aspectos más característicos del carisma del Movimiento apareció reiteradamente durante la conferencia.
La amistad.
No como una simple simpatía humana.
Sino como camino privilegiado para conducir a Cristo.
Emilio Aguirre recordó la conocida expresión del Movimiento:
«Por la relación al trato; por el trato, a la amistad; y por la amistad, al amor.»
Por eso insistió en que la reunión de grupo, la Ultreya y la Escuela de Dirigentes deben seguir siendo lugares donde el hermano encuentre acogida, esperanza, escucha y acompañamiento.
No basta reunirse.
Es necesario crear auténticas comunidades cristianas donde cada persona experimente que no camina sola.
La coherencia vale más que la perfección
Quizá una de las frases que mejor resume toda la conferencia sea esta:
El dirigente debe ser coherente antes que perfecto.
Todos poseen limitaciones.
Los mismos apóstoles las tuvieron.
Pedro fue impulsivo.
Tomás dudó.
Santiago y Juan buscaron privilegios.
Mateo provenía del mundo de los impuestos.
Sin embargo, Dios realizó grandes obras a través de ellos.
La diferencia estuvo en que permitieron que Cristo transformara sus vidas.
También hoy el Señor sigue llamando personas con debilidades para convertirlas en instrumentos de evangelización.
Porque, como recuerda san Pablo:
«Nuestra capacidad viene de Dios» (2 Corintios 3,5).
Un reto para nuestro tiempo
Al concluir, Emilio Aguirre recordó que ser dirigente constituye una vocación permanente.
No termina cuando concluye un Cursillo.
No depende de un nombramiento.
No desaparece con el paso de los años.
Cada día exige renovar la fidelidad al Señor.
Fidelidad que se expresa mediante la humildad, el servicio, la amistad, la oración y el testimonio.
Después de más de cincuenta años viviendo el Movimiento, resumió toda su experiencia con una afirmación que interpela a cada cursillista:
«El verdadero dirigente no es el que más habla, sino el que más sirve.»
Reflexión final
El Movimiento de Cursillos de Cristiandad nació para anunciar una verdad sencilla y profundamente transformadora: Dios ama a cada persona.
Ese anuncio necesita dirigentes.
No dirigentes perfectos, sino hombres y mujeres que hayan permitido a Cristo cambiar su vida y que estén dispuestos a caminar junto a sus hermanos.
En un tiempo donde abundan el individualismo, la división y la búsqueda de protagonismo, el dirigente cursillista está llamado a recordar que el liderazgo cristiano tiene otro nombre: servicio.
Porque quien ha descubierto verdaderamente a Cristo comprende que el mayor honor no consiste en ser reconocido, sino en gastar la propia vida para que otros también puedan encontrarse con Él.

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