El Santo Rosario y mi misión personal
— Por Renán Vásquez Gabrie
Tengo muchos lindos recuerdos de infancia en mi natal Siguatepeque, todos son valiosos y me traen añoranzas de juegos, de amigos, pero sobre todo recuerdos de mis padres y hermanos. Recuerdo a mi padre Renán Vásquez Márquez trabajando en muchas actividades a las cuales le acompañaba o veía realizar, de mis hermanas y hermanos compartiendo comidas, travesuras, juegos. Pero sobre todos, está el recuerdo de mi madre Doris Gabrie, educadora en mis estudios, forjadora de valores, pero sobre todo mi formadora en la Fe. Ella, educada desde la infancia en colegios religiosos en Guatemala y El Salvador, tenia una sensibilidad extraordinaria por tres cosas:
- La pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo que revivíamos especialmente todas las semanas santas de nuestra infancia, leyendo las sagradas escrituras y repasando la liturgia que nuestra Iglesia Católica desarrollaba en ese tiempo de cuaresma;
- Su respeto y admiración para los hombres y mujeres entregados al servicio del Señor, en especial Sacerdotes, religiosas y religiosas; y,
- Su devoción por el rezo del Santísimo Rosario a nuestra Santísima Virgen María.
Ella a pesar de ser una mujer joven y por esta devoción, era constantemente invitada a participar como “rezadora” en los actos de rezos, novenarios y actos litúrgicos en nuestra Parroquia San Pablo. Estos hechos de mi infancia quedaron guardados desde aquel instante en mi memoria y especialmente en el corazón.

SANTO ROSARIO
El Rosario de la Virgen María… es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad.
Por eso, cuando participo en el Cursillo de Cristiandad numero 89 en la Casa de la Juventud en Tamara, F.M. del 21 al 24 de enero de 1993, la mas alegre era ella, mi Madre Doris, pues ella continuamente pedía suave y sutilmente que me retirara de mi actividad en organizaciones no cristianas y mas bien antieclesiales, y al fin miraba que sus oraciones, sus rosarios entre otras, rendían sus frutos y así me lo expresó cuando le conté la experiencia vivida en el Cursillo. No me queda duda de que al realizar mi cursillo y comprometerme con el MCC a contribuir con el testimonio propio a extender el Reino de Dios, también mi otra Madre, la Santísima Virgen María se congraciaba de ver que un hijo mas, reiniciaba su proceso de conversión para colaborar con Ella y su hijo Jesucristo para que otros vieran las maravillas que el amor de Nuestro Padre hace en nuestras vidas.
Con lo anterior he querido compartir que la devoción al Santísimo Rosario y al amor a Nuestra Madre, en especial bajo su advocación de la Santa María de Suyapa, está arraigada en mi corazón desde niño y no importa lo que pasó en mi vida de hombre viejo, pero Ella siempre estaba allí esperándome y cuidándome con el Señor Jesucristo. He pasado situaciones difíciles y aun ahora siempre se presentan tantos problemas de tipo laboral, económico, salud, familia y de cualquier tipo, pero volver a encontrarme cada día o a determinada hora con Ella en el Santísimo Rosario, me da paz, me da consuelo y sobre todo me da esperanza. Por eso es fundamental que, como padres, responsables de nuestras familias, nos esforcemos en que nuestros hijos y nuestros nietos, vean nuestro testimonio y sigan esas buenas costumbres especialmente de la oración en todo tiempo y lugar, no forzando ni obligando sino convenciendo con nuestro ejemplo.
Siempre he creído que somos agraciados y bendecidos por Nuestro Señor Jesucristo al habernos dado a su Madre la Virgen María, para que siguiendo su ejemplo de discípula fiel y que siempre estuvo al lado de El, nosotros contemos con Ella. Recordemos el pasaje del Nuevo Testamento cuando las Bodas de Caná de Galilea, ella es quien impulsa su misión:
“Y como faltase el vino, dice a Jesús su madre: «No tienen vino». Y le dice Jesús: «¿Qué tenemos que ver tú y yo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. Dice su madre a los que servían: «Todo cuanto él os diga, hacedlo”
San Juan 2, 3-5
Siempre creo que Ella me mueve a hacer todo por Jesucristo, no importa lo que suceda, solo trato de hacer lo que Jesucristo quiere, actuar como hubiera actuado Jesucristo y estar alerta de todo como la Madre María para interceder ante El y que nos atienda.
Por eso todo lo que hago en mi vida personal, sea de trabajo, en la familia o en la iglesia, se los encomiendo a la Madre María y pido que agrade a Cristo, a veces dudo pues es como “contrario” al criterio humano, cuesta, pero vale la pena. En estos casi 28 años de mi cursillo nunca me he sentido defraudado y mas bien siento que a cada instante, cada decisión, cualquiera que sea el ámbito que afecte, es una pequeña misión que como cristiano debo cumplir. Desde que hice mi Cursillo siempre tengo claro que quien “ordena” como debo actuar es Nuestro Señor Jesucristo; quien me acompaña de cerca para apoyarme en esa decisión es la Madre María; ¡pero soy Yo quien toma la decisión, y quien ejecuta la acción, soy yo! Yo soy el responsable de mis acciones y siempre asumo la responsabilidad cuando no actúo como cristiano. Por eso debo cuidar de que mis acciones sean como Cristo quiere pues no solo me afectan a mi, sino a mi familia, a mis hermanos de reunión de grupo, al Movimiento de Cursillos de Cristiandad y a mi Iglesia Católica. En fin, debo tratar de ser como lo dice Jesús en Mt 5,48: “Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto Nuestro Padre Celestial”. Este debe ser nuestro plan de vida siempre y debe ser el propósito de nuestra misión terrenal.
Además, en este mes de octubre la Iglesia lo consagra a las misiones en el mundo y es época propicia para preguntarnos:
- ¿Estamos cumpliendo nuestra misión en la familia y en la iglesia?
- ¿Contribuimos con nuestras oraciones y materialmente a estas misiones de otros cristianos?
- ¿Cuál será la misión personal que me propondré para los días, meses y ano venideros?
En mi caso, los sacerdotes siempre han sido y son mi mayor apoyo en todo, en especial en momentos de duda, incertidumbre, dolor, alegrías y para mi mayor formación religiosa o espiritual. En mi camino, recuerdo con cariño la ayuda espiritual y formación recibida del P. José Casal, P. José Antonio (Tony) Salinas, P. Francisco Torres y P. Pablo A. Hernández. A todos ellos gracias, y aun ahora, me siguen ayudando a ser un hombre nuevo.
Finalmente, a los cursillistas y hermanos mas jóvenes de nuestra Iglesia, un llamado a comprometerse mas en la Iglesia y con Cursillos de Cristiandad, para hacer realidad la gran misión contenida en aquel pensamiento de ser “Hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia y hombres y mujeres de Iglesia en el corazón del mundo” y así que tengan una vida mas fructífera con Cristo toda su vida y todos podamos decir como San Pablo: “Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó, y se entregó a si mismo por mí” (Gal 2,20).
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