Que Todos Seamos Uno
Tegucigalpa, Honduras — 14 de octubre de 2025.
El Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) en la Arquidiócesis de Tegucigalpa continúa celebrando durante este mes de octubre una serie de testimonios de fe, como parte de las actividades conmemorativas del 61º aniversario del movimiento en Honduras.
En la segunda entrega de esta serie, el Hermano cursillista Emilio Aguirre compartió un emotivo testimonio titulado “Que todos seamos uno”, inspirado en el Evangelio de San Juan (17, 21-23):
“Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad, y el mundo conocerá que tú me has enviado y que yo los he amado a ellos como tú me amas a mí.”
El encuentro se desarrolló en un ambiente fraterno, durante la tradicional Reunión de Ultreya, espacio donde los hermanos miembros del movimiento comparten su caminar cristiano y fortalecen su compromiso de fe.
“El Señor pide al Padre que seamos uno, como Él y el Padre son uno. La verdadera unidad nace del amor y la oración constante”, expresó el Hermano Emilio.
En su testimonio, Emilio destacó la importancia de la unidad en Cristo, recordando que no se trata de uniformidad, sino de comunión y amor. Compartió vivencias personales que marcaron su conversión, señalando que el encuentro con Cristo transforma la vida y conduce a la reconciliación con uno mismo y con los demás:
“Si no me encuentro conmigo mismo, no puedo encontrarme ni con Cristo ni con los hermanos.”
También resaltó el valor de la amistad cristiana como medio privilegiado de evangelización, conforme al carisma del Movimiento de Cursillos de Cristiandad fundado por Eduardo Bonnín:
“Se hacen cursillos para que existan reuniones de grupo”, recordó, subrayando que las reuniones de grupo son el corazón del movimiento.
El testimonio incluyó profundas reflexiones y parábolas sobre el amor, el perdón y la misericordia, recordando que Dios utiliza nuestras debilidades para obrar el bien. A través de ejemplos de vida y servicio, el Hermano Emilio exhortó a los presentes a ser instrumentos del amor de Cristo, practicando la compasión, la tolerancia y el perdón en la vida diaria.
“Todos somos como vasijas rotas, pero únicas e irrepetibles ante los ojos de Cristo. Él nos moldea con paciencia y amor”, manifestó, invitando a los cursillistas a permanecer firmes en la oración y en la comunión fraterna.
En un momento particularmente emotivo, Emilio hizo referencia a la parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15, 11-32), destacando la ternura y misericordia del Padre que acoge y perdona sin condiciones.
Inspirado en esta enseñanza, mencionó la célebre obra del pintor Rembrandt van Rijn, “El regreso del hijo pródigo” (1662), en la que el artista representa al Padre abrazando con ternura al hijo arrepentido. Emilio explicó que esa imagen encarna el mismo mensaje de reconciliación y amor incondicional que el Señor ofrece a cada uno:

“Así como el Padre del hijo pródigo lo recibe con amor, también Dios nos abraza en nuestras caídas. Somos hijos suyos, y en ese abrazo encontramos la verdadera conversión.”
La Ultreya concluyó con un mensaje de esperanza y unidad, reafirmando el llamado del movimiento a vivir en gracia, alegría y amistad, como testigos del amor de Dios en el mundo.
Sobre el Movimiento de Cursillos de Cristiandad
El Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) nació en Mallorca, España, en 1944, y llegó a Honduras en 1964. Su misión es anunciar la buena nueva del amor de Dios a través de un método de evangelización basado en tres pilares: piedad, estudio y acción, vividos en comunidad y amistad cristiana.
En la Arquidiócesis de Tegucigalpa, el movimiento continúa fortaleciendo su compromiso de fe mediante reuniones de grupo, escuelas de dirigentes, Ultreyas y actividades pastorales que buscan renovar la vida cristiana desde la base comunitaria.
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