Retiro de Adviento 2025 – Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Arquidiócesis de Tegucigalpa
El Tiempo de Adviento es, para la Iglesia, una oportunidad de volver al corazón del Evangelio: la espera confiada, la preparación interior y la esperanza viva en la venida del Señor. Desde los primeros siglos, los cristianos se reunían para meditar, orar y disponerse a recibir a Jesús desde la conversión. Con el paso del tiempo, este período fue tomando forma hasta convertirse en las cuatro semanas que hoy conocemos como Adviento, un camino que invita a la vigilancia, al arrepentimiento y al gozo profundo de saber que Dios cumple siempre sus promesas.
Con esta espiritualidad como marco, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Arquidiócesis de Tegucigalpa celebró el Retiro de Adviento 2025, una jornada colmada de oración, reflexión, testimonio y fraternidad. El ambiente se impregnó de fe desde el primer momento, recordándonos que Cristo desea nacer nuevamente en lo más íntimo de nuestras vidas y comunidades.
Celebración Eucarística – Padre Pablo Hernández

El retiro inició con la Santa Eucaristía, presidida por el Padre Pablo Hernández, quien centró su homilía en dos ejes fundamentales para todo cristiano, especialmente en este tiempo: la amistad y el perdón. A partir del mensaje que la liturgia nos propone en este segundo domingo de Adviento, el Padre reflexionó sobre la invitación insistente de Dios a preparar el corazón, a dejar a un lado la dureza interior y a reconciliarnos con quienes amamos. Hizo énfasis en que la verdadera conversión comienza cuando somos capaces de sanar relaciones, reconocer nuestras faltas y abrir espacio para que Cristo transforme nuestra vida. Por eso recordó con fuerza que “la Iglesia necesita cristianos comprometidos”, hombres y mujeres dispuestos a vivir el Evangelio en sus ambientes con autenticidad, serenidad y misericordia.
Tiempo de Conversión y Esperanza.
Karen Lorena Zavala – Cursillo de Mujeres #126 del 19 al 22 de enero de 2026

Karen compartió que el Adviento es un tiempo en el que Dios nos recuerda que Él nunca falla. “Dios siempre cumple sus promesas y jamás decepciona”, expresó con convicción. Su reflexión invitó a comprender que la conversión no es un momento aislado, sino un camino diario de regreso al Señor, sostenido por la esperanza y la confianza en su amor. Habló del perdón como una gracia que sana, no porque borre el pasado, sino porque libera el corazón y permite avanzar con paz. En este tiempo de espera, recordó que solo un corazón reconciliado puede acoger verdaderamente al Niño que viene.
Desarrolló la importancia de asumir pequeños compromisos espirituales, como la participación en la Eucaristía, la ultreya y la reunión de grupo, entendidos no como obligaciones, sino como espacios donde Dios actúa y fortalece interiormente. Para ella, estos caminos ayudan a vivir sin rencores, sin resentimientos y sin odios, permitiendo que la gracia transforme la vida cotidiana y prepare el corazón para la Navidad.
Acoger al Niño que Viene a Nuestra Vida y Comunidad
Mario Hernández – Cursillo de Hombres #145 del 31 de mayo al 3 de junio de 2018

Mario nos condujo a reconocer el Adviento como un tiempo sagrado de preparación espiritual, un período en el que Dios elige manifestarse en la sencillez y la humildad. Recordó que el Señor suele escoger aquello que no tiene relevancia a los ojos del mundo para revelarse con mayor fuerza.
Explicó que acoger al Niño Jesús implica primero abrir el corazón, reconociendo que somos hijos amados y que, aunque el día a día nos desgaste, Dios siempre está presente. También nos animó a recibir la gracia y el perdón, recordándonos con humor que cuando llegamos al cursillo “estábamos más perdidos que el hijo de Limber”, pero que Dios no se cansa de darnos oportunidades nuevas.
Finalmente, desarrolló una bella analogía: así como una memoria USB debe limpiarse cuando está llena, también nuestro corazón necesita desprenderse de lo que ya no sirve—tristezas, odios, rencores—para que Jesús pueda entrar plenamente y renovar nuestra vida.
La Alegría de un Dios que se Acerca
Elsa Reyes – Cursillo de Mujeres #103 del 11 al 14 de marzo de 2010

Elsa inició su reflexión preguntando qué es realmente la alegría. La definió como un don del Espíritu Santo, una gracia que nace de la cercanía con Dios. Compartió un recuerdo de su juventud: cada vez que llegaba a casa, su padre le decía “llegó la alegría de la casa”, y la bendecía con afecto. A partir de esa experiencia, nos invitó a imaginar cuánto se alegra el Señor cuando volvemos a Él.
Desarrolló la idea de que muchos cristianos viven con “cara de funeral”, dificultando así transmitir el amor de Cristo. La verdadera alegría del Adviento —dijo— solo puede provenir de Jesús, y cuanto más nos acercamos a Él, mayor es la luz que irradia en nuestra vida. La reunión de grupo, recordó, es cristocéntrica precisamente por esta razón: porque Cristo es la fuente de todo.
Explicó que la alegría se aprende en la humildad del pesebre, tal como María y José acogieron al Niño. Mencionó el tercer domingo de Adviento, el Domingo Gaudete, cuando encendemos la vela rosada como símbolo de gozo. Y citó con belleza a Santa Teresa de los Andes: “Dios es alegría infinita”.
Para ilustrar esta verdad, Elsa retomó una escena inspiradora de la película La Vita è Bella, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni. En ella, un padre transforma el horror en esperanza para proteger el corazón de su hijo. No es una alegría superficial, sino una alegría que resiste la oscuridad. Así —dijo— actúa también Dios en nuestra vida: incluso en los momentos más difíciles, sostiene nuestra alegría desde dentro, cuidando nuestro espíritu y recordándonos que nunca caminamos solos.
María, Madre de la Dulce Espera
Jenny Santos de Sandoval – Cursillo de Mujeres #91, del 16 al 19 septiembre de 2005

Jenny nos invitó a contemplar el Adviento desde la mirada de María, quien vivió este tiempo como un período de ilusión, de planes, de esperanza y de profunda entrega. Recordó que la encarnación es el acto más maravilloso de Dios para la humanidad, y que María es modelo para abrir paso al Señor en nuestra propia historia.
Desarrolló con detalle el episodio de la anunciación: el saludo del ángel y el título con el que se dirige a María, kejaritomene, una palabra griega difícil de traducir literalmente pero cargada de significado. Explicó que significa “colmar de gracia”, y que el prefijo ke– indica una acción completa, permanente, que permanece en el tiempo. Por eso muchos biblistas la traducen como “llena de gracia” o “tú que has sido y sigues siendo agraciada por Dios”. No es simplemente un nombre nuevo, sino una revelación de quién es María a los ojos del Señor: una mujer transformada por la gracia desde siempre y para siempre. Tras este saludo, el ángel la invita a no temer y a confiar en la obra de Dios que comienza a desplegarse en ella.
También destacó el papel de José, hombre justo que, aun sin comprender del todo lo que sucedía, confió en Dios y acogió con humildad la misión que le fue confiada.
Jenny profundizó en las actitudes necesarias para vivir un Adviento auténtico: abrazar la gracia que Dios nos ofrece, perdonar y comenzar de nuevo, vivir una espera activa llena de servicio y humildad, cultivar la esperanza incluso en medio de los desafíos y mantener el asombro y la gratitud por la obra de Dios. Con gran ternura recordó que María no solo es Madre de Jesús, sino Madre de la Iglesia y mujer nueva que inspira nuestra conversión.
La Corona de Adviento
Nolvia Benítez – Cursillo de Mujeres #119, del 21 al 24 septiembre de 2017

Nolvia ofreció una explicación histórica y espiritual sobre la corona de Adviento. Recordó que sus raíces provienen de antiguas tradiciones germánicas, donde las familias encendían coronas para iluminar los inviernos y mantener viva la esperanza de la luz. Con el tiempo, esta práctica fue adoptada por comunidades cristianas, hasta convertirse en un signo profundamente espiritual que hoy acompaña nuestro caminar hacia la Navidad.
Explicó que su forma circular representa la eternidad y el amor sin fin de Dios; que las ramas verdes simbolizan la vida que no se agota; y que las cuatro velas en torno a la corona marcan cada semana de Adviento. Tres de ellas son moradas, signo de arrepentimiento, conversión, silencio interior y oración; y una es rosada, propia del Domingo Gaudete, que nos recuerda la alegría en medio de la espera. La quinta vela, cuando se usa, suele colocarse al centro en color blanco, simbolizando a Cristo, luz del mundo.
En medio de esta explicación, Nolvia compartió con profunda ternura el testimonio de su nieto, Emiliano Andrés, un niño hermoso que desde muy pequeño ha enfrentado delicadas intervenciones médicas y en quien muchos en el Movimiento han visto un verdadero milagro de Dios. De manera discreta pero emotiva, recordó cómo su historia ha unido corazones y voluntades: hermanos que, movidos por el amor, se han desprendido incluso de lo poco para colaborar con sus tratamientos. Emiliano, con su sonrisa y su fortaleza, se ha vuelto un motivo de alegría para todos; una luz encendida que nos recuerda que la esperanza se vive, se comparte y se sostiene en comunidad.
Nolvia concluyó que la corona de Adviento, para el cursillista, es también un llamado: a permanecer firmes, a perseverar en la oración, a caminar juntos como comunidad, a encender la luz de Cristo en nuestros ambientes y a renovar semana tras semana la ilusión del encuentro con el Señor.
Su mensaje final resonó fuerte y claro: “Que la luz de Cristo reine en nuestros corazones”.
Natividad – Del Jubileo de la Esperanza a la Misión
Claudia Paz – Cursillo de Mujeres en octubre de 1991

Claudia desarrolló una reflexión centrada en la Natividad como un camino que va de la esperanza a la misión. En el marco del año jubilar, recordó la gracia de las indulgencias y la riqueza espiritual que la Iglesia nos ofrece como un constante llamado a vivir como pueblo peregrino.
Advirtió sobre las falsas expectativas que pueden desorientarnos, especialmente en tiempos donde el consumismo, la gula y muchos excesos oscurecen el verdadero sentido de la Navidad. Explicó que nuestro enemigo no siempre se presenta con “cachos y cola”, sino que suele revestirse de nuestras propias debilidades para hacernos tropezar. Por eso, aprender a esperar con paciencia, discernimiento y corazón limpio es fundamental para llegar al Emmanuel, Dios con nosotros.
En su exposición, Claudia retomó la simbología de las piñatas mexicanas tradicionales, aquellas de forma circular con siete picos, cada uno representando un pecado capital. Explicó que la piñata completa simboliza el pecado que seduce y confunde, mientras que el acto de “quebrarla” es una metáfora de la lucha espiritual del cristiano: golpear con fuerza, una y otra vez, todo aquello que nos aparta de Dios. La alegría que brota cuando la piñata se rompe —el júbilo, los dulces, la celebración— recuerda que la gracia siempre triunfa cuando se persevera en el combate interior.
Para Claudia, los cursillistas somos llamados a pasar de la esperanza a la misión. Donde nace la esperanza, nace también el amor, y con él la responsabilidad de anunciar al Niño Dios con nuestra vida, con nuestras obras y con la coherencia de nuestra fe.
Mensaje de Navidad – Emilio Aguirre
Presidente del Secretariado Nacional y Arquidiocesano

El mensaje de Emilio invitó a no quedarnos únicamente en el camino del Adviento, sino a avanzar hacia la alegría plena del nacimiento del Señor. Con gratitud recordó a los hermanos que ya no están físicamente con nosotros, pero que a lo largo de los años han dado testimonio de conversión, perseverancia y santidad dentro del Movimiento.
Desarrolló la importancia de la amistad auténtica, afirmando que “la amistad es el más humilde de los amores” y que solo existe verdaderamente cuando es recíproca. Explicó que la reunión de grupo es vital para el cursillista, porque así como el agua sostiene la vida del árbol, el grupo sostiene la vida interior del cristiano que desea perseverar.
Retomó además testimonios profundos sobre el perdón: habló de una mujer que pudo perdonar al asesino de su esposo y, tomando el ejemplo compartido por Karen, reflexionó sobre el dolor que provoca una mala praxis médica y la gracia necesaria para perdonar incluso en esas circunstancias. Recordó que aunque el perdón nunca es fácil, abre siempre un camino seguro hacia la libertad del corazón.
Finalizó animándonos a que esta Navidad permitamos a Cristo habitar verdaderamente en nuestro interior, para ser mejores cristianos y mejores personas.
Oración Final ante el Santísimo
Dirigida por el Hermano Iván Maradiaga

El retiro concluyó ante Jesús Sacramentado, en una oración profunda guiada por el hermano Iván. Fue un momento de recogimiento, silencio y entrega. En su oración nos invitó a acudir al sacramento de la reconciliación y a limpiar el corazón para que el Señor encuentre un lugar dispuesto.
Pidió por los enfermos y los difuntos, por los matrimonios, por quienes sirven en la Iglesia y por los relevos generacionales dentro del Movimiento, para que la misión evangelizadora de Cursillos nunca se detenga. También oró por Honduras, suplicando sabiduría para los gobernantes, justicia, vida, y el fin de la violencia.
“Queremos paz, Señor… ilumina a quienes toman decisiones en nuestro país”, expresó con profunda fe.
Un Cumpleaños Compartido, Una Gracia Vivida

En medio del retiro también hubo espacio para la alegría fraterna. Como signo de la amistad que une a los cursillistas, se le cantaron las mañanitas a una hermana que celebraba su cumpleaños, María Fernanda del 132 de mujeres. Ese gesto sencillo, acompañado de sonrisas y cariño, recordó que en Cursillos la comunidad se convierte en familia, que nos sostenemos unos a otros y celebramos juntos la vida. En este tiempo de Adviento, ese momento se volvió un testimonio luminoso de cómo el amor de Dios se manifiesta en la cercanía y en los detalles que fortalecen nuestro caminar.
Conclusión:
Una Invitación a Caminar Juntos
El Retiro de Adviento 2025 fue un encuentro de luz, de esperanza, de fraternidad y de gracia. Cada tema, cada testimonio y cada momento de oración nos recordó que Cristo viene y desea nacer en nuestra vida cotidiana, en nuestros ambientes, en nuestras familias y en nuestro Movimiento.
Como Cursillistas, nos sentimos llamados a renovar nuestra misión: ser testigos de esperanza, anunciar a Cristo con alegría, perseverar en la reunión de grupo y caminar juntos hacia la santidad. Invitamos a toda la comunidad a participar activamente en las ultreyas, convivencias, retiros y actividades formativas que el Movimiento celebra día tras día.




































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