El Buen Pastor: llamado a escuchar, seguir y cuidar
La celebración de El Buen Pastor nos presenta una de las imágenes más cercanas y humanas de Jesucristo: un Pastor que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre y da la vida por ellas.
Para un cursillista, esta fiesta no es solo contemplativa; es profundamente vocacional. Es una invitación a escuchar su voz, seguir su camino y asumir también la misión de cuidar a otros dentro de los ambientes donde vivimos.
Escuchar la voz del Pastor
El Buen Pastor no habla en medio del ruido, sino en el silencio del corazón. El cursillista está llamado a desarrollar una sensibilidad espiritual que le permita reconocer la voz de Cristo entre tantas voces del mundo.
Escuchar al Pastor implica:
- Abrirse a la oración diaria.
- Discernir con sinceridad las decisiones de la vida.
- Confiar en que Él guía incluso en medio de la incertidumbre.
Aquí, la piedad es fundamental: sin relación viva con Dios, es imposible reconocer su voz.
Seguir al Pastor con convicción
No basta con escuchar; hay que seguir. Cristo no propone un camino cómodo, sino un camino verdadero. El cursillista, formado en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, está llamado a caminar con decisión tras las huellas del Pastor.
Seguirlo implica:
- Vivir coherentemente la fe.
- Tomar decisiones alineadas con el Evangelio.
- Formarse continuamente para no perder el rumbo.
Aquí el estudio adquiere su valor: conocer a Cristo permite seguirlo con mayor claridad y firmeza.
Ser también pastor para otros
Una de las dimensiones más profundas de esta fiesta es comprender que quien sigue al Buen Pastor también es enviado a cuidar.
El cursillista está llamado a:
- Acompañar a quienes se han alejado.
- Ser guía y apoyo en su comunidad.
- Mostrar el rostro cercano de Cristo en la vida cotidiana.
Esto es acción: una fe que se convierte en servicio, cercanía y evangelización concreta.
Relación con el trípode
La figura del Buen Pastor ilumina de manera especial el trípode del cursillista, dándole un sentido dinámico y misionero:
- Piedad: escuchar la voz del Pastor requiere una vida de oración constante, sacramentos y apertura a la gracia.
- Estudio: conocer al Pastor, su palabra y su enseñanza permite distinguir su voz frente a otras que confunden.
- Acción: seguir al Pastor lleva inevitablemente a cuidar a otros, a salir al encuentro y a ser testimonio vivo del amor de Cristo.
Una fiesta que compromete
Celebrar al Buen Pastor es más que contemplar una imagen tierna de Jesús; es aceptar un compromiso exigente y transformador.
El cursillista está llamado a preguntarse:
¿Reconozco la voz de Cristo en mi vida… y otros pueden reconocerla a través de mí?
Porque al final, el signo más claro de que seguimos al Buen Pastor es que otros encuentran en nosotros guía, consuelo y esperanza.


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